ESTABAS
EN MI
He tratado
en vano poder ubicarte...
Te busqué en el cielo, en días de
sol;
en las noches claras de luna brillante,
entre las estrellas o bajo la lluvia
pero no he podido lograr encontrarte.
Te busqué en la playa, de pié junto
al mar,
a donde llegamos uno junto al otro.
Te busqué en mi viaje
remontando el vuelo, mucho más allá...
Te busqué en la cima de aquella montaña,
en el horizonte, al pié del abismo
y quise encontrarte en “El Escorial”.
En los muros grises de esa fortaleza
que juntos quisiste poder visitar.
Te busqué en la mesa de la última
cena
de aquel cumpleaños que no olvidaré...
En el lecho tibio que guarda mi pena
y en todos mis sueños, también te
busqué.
Hoy sé que fue vano querer ubicarte
por mas que buscara en todo lo que ví.
¡Cómo pretendía poder encontrarte
si sencillamente estabas en mí!.
Ahora que entiendo donde está el misterio
podré con mi empuje llevarte muy lejos.
Podrás tú conmigo remontar el vuelo
y serán mis ojos como dos espejos.
Nunca estaré sola, andarás conmigo,
todo lo que tenga será para ti.
Seguirás mi senda como fiel testigo
y sencillamente, estarás en mí.
FUGAZ
A
veces en el fondo de las sombras,
en esta soledad que quema tiempos,
siento vibrar destellos que me asombran
despertando tardíos sentimientos.
Veo hogares con leños encendidos,
las manos hacedoras de caricias.
Intercambio de cosas compartidas,
cambiar la soledad por alegrías.
Una ilusión, un sueño, una quimera...
la verdad es tu amor, lo verdadero.
Las hojas secas de mis primaveras,
tu recuerdo, lo real, lo verdadero.
PARABOLA DE LA SIEMBRA
Dios esparció las semillas desde el cielo.
Unas cayeron al mar, otras en las orillas,
muchas se secaron, los pájaros comieron las del suelo,
muchas cayeron en la buena tierra e hicieron maravillas.
Gracias Señor de hacer el sortilegio
que esa humilde semilla que arrojaste
forjara en mi, el bello privilegio
de crecer lozana, en la tierra que sembraste.
Y yo seguí tu senda y me sembraron,
Fui tu buena tierra y coseché a su tiempo,
cuidé con mucho amor y con amparo,
cortando hojas secas, cubriéndolas del viento.
Hoy son ellas, fuertes y lozanas, las que siembran,
y riegan, y cuidan y enderezan,
cambiándoles la tierra, ayudando a que crezcan,
llenándome de orgullo al saber que te rezan.
Mis tiempos se están yendo, pero sigo soñando.
Perdono al que me hiere, al que sufre lo amparo,
pongo el tutor al tallo, extiendo mi sembrado
y te agradezco Señor lo mucho que me has dado.
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