NADIE
No soy nadie.
Soy sólo una mujer con un grito de alambre
en la garganta.
Yo no soy nadie, nadie,
pero aún así marcho tan orgullosa
que quiero hacer eternas
mi casa y mi palabra
y me pongo de pié para comprar
el misterio del mundo,
aunque la vida es una lucha
entre las sombras y el llanto
y sin embargo... no soy nadie.
¿Hacia adónde navego como un sueño donde
mis pobres ojos sin párpados ni puertas
vuelan en el ardor de este dolor abierto?
La tragedia del mundo se irá haciendo
más grande y desde las alturas
llegará nuestro llanto
y sin embargo... no soy nadie.
¿Para qué sirve la fuerza tremenda del amor
que me arma cruces por los
cuatro costados?
¡Oh!, que ganas tengo de ser cualquier otra cosa;
un lienzo -por ejemplo- un rostro sublimado
trepando por mi muerte y el corazón ausente.
No soy nadie,
cono de sombras, como la opaca oscuridad del
hombre, sin risas, ni lágrimas, ni nada.
Soy sólo una tristeza caminando por las calientes
aguas de la muerte.
No soy nadie pero a veces lo olvido
cuando cantan las fuentes y regreso a mi cuerpo
con la piel y verdores antiguos.
Yo... no soy nadie y no obstante soy
las venas del mundo y el pájaro que canta.
Le pido un corazón al pensamiento, aunque
mi corazón es apenas la mentira piadosa
cuando creo que siento.
Así es menos dura la tierra. Aceptaré el engaño.
El pájaro canta aún desde el alba y cada ser
requiere su existencia y la reclama
con la voz al viento.
Tengo la boca amarga y los ojos vacíos y un
virginal veneno en cada una de las gotas
de mi sangre,
como la muestra de mi edad antigua,
resumen de los tiempos transferidos.
La soledad es mi única grandeza, transitada
por voces, parábola de olvidos.
Amo a mi soledad vestida de imposibles infinitos.
Yo soy lo innecesario con la dura pequeñez
de ser hombre o mujer –como se quiera-
la angustia es mi ciudad, el territorio que me pertenece,
un piélago de estrellas irredentas.
Y sé que no soy nadie.
Soy sólo una mujer con un grito de alambre
en la garganta |