AMARTE EN SILENCIO
A mi esposa Lidia
En silencio quiero amarte
perdiéndome en el mágico latido
de tu frágil corazón cohibido,
dándote danzas de amor y desearte.
Déjame amarte de esta manera,
robándole a la noche la mirada
que entre dormida y callada,
acompaña mi sociego y mi quimera.
Quiero cautivarte entre los brazos,
bañándote con la frescura de mis versos,
para que posen estos labios tersos,
sobre tu blanca piel de raso.
Déjame que atrape mi aliento
la sabiduría de tu pasión,
que en finas hebras de color,
envuelven tu dulce pensamiento.
Déjame que el silencio sea soñador,
hasta el final de los días oscuros,
porque no podrán cielos y muros,
apagar esta gran llama de amor.
Sólo quiero hundirme en el silencio,
entregándote mi humilde alma,
y exhalar en el fondo con calma
su perfumado brote de sentimiento.
MI ALMA LA VIÓ LLEGAR
Ví tu rostro a la vera del río
y un hilo de mis penas caía
mojando mi frío pecho vacío,
mojando la luz, colgada del día.
El silencio de tus ojos oceánicos
se confundían con mis lágrimas calladas,
que aturdida por tantos pánicos,
se escapaban en la tarde dorada.
Y entre la desazón y la locura
quise tocarte y tú no estabas,
brinqué mis pupilas con soltura
para verte mejor pero no estabas.
Y así, como el látigo del viento
desapareciste tan de repente,
enmudeciendo mi sentimiento,
dejando a mi alma sola y latente.
Mientras la tarde iba cayendo
entre la bruma ácida otoñal,
ella, mi alma, se fue creyendo
que a orillas del río la vió llegar |