Martha Susana Desimone volver  
 

Profesora en Letras.  Docente en los Niveles Secundario  y  Terciario.
Conductora de talleres teatrales y literarios. Crítica literaria.
Publicaciones: participaciones en Antologías Poéticas: "Círculo de Letras Clamor", "Caminando con mi padre" (Bs. As. 1984) y De pestes y maravillas" (Bs.As. 1996). Libro: "Todo Mujer", Susana Desimone-María Rosa Tombari (Bs. As. 1994).
 Articulista en: Revista Actualmente  (Bs. As. 2003-2005). Miembro del Consejo de Dirección de la Revista: "Alas de Libertad " (1999-2005). Exposiciones: Muestras de Fotopoética: " Buenos Aires, poética cotidiana", "Policromía ciudadana" y "Argentina: palabra e imagen" (Manzana de las Luces. Juan Alberto Desimone (fotografía) - Martha Susana Desimone (poesía), 1999-2000-2005.
Premio obtenido: Medalla de Plata del Círculo de Letras Clamor (1983).

 

 

 

MÁGICA CITA
(Homenaje a Jorge Luis Borges)


Lo encontré allí, sentado a la mesa de un café de Palermo.
Era la hora en que el diario se adormila en los zaguanes y las hojas que ha decapitado el otoño asumen su soledad sobre los espejos de agua.
La melancolía dibujaba, en los ojos del poeta, laberintos fugaces.
Sobre la curva del bastón, sus dos manos entretejían recuerdos mientras abreviaban el tiempo de la espera.
Un hombre enorme, de melena lacia y dura abrió la puerta del café con gesto de marcada omnipotencia. Detrás, los vidrios crujieron como quejándose.
En cada parroquiano, el corazón inició la alocada carrera hacia ninguna parte. Los rostros empalidecieron y el horror se enquistó en los ojos que optaron por abrirse, oceánicos, ante el estupor, o cerrarse para evadir la realidad de una silueta amenazante.
-¡Paredes!-dijo, balbuceante, el poeta, quien conocía sobradamente el modo de anunciarse de los guapos. Después, retiró sus manos del bastón y, en señal de bienvenida, extendió, tembloroso, la derecha, hacia la figura que había ultrajado la paz del salón.
-Sí, don Jorge, el mismo; soy Nicanor Paredes. Vengo a dejarle mi cuchillo porque ha muerto el coraje y yo no soy hombre para pelear con el olvido. El tiempo fue el ganador y voy a respetarlo. Vea, nunca me han gustado los traidores. Usted lo sabe.
El malevo pidió una ginebra y apoyó su palma sobre la del poeta, en señal de amical pacto. Borges solicitó un café y, dentro del pocillo, se abrevaron algunas íntimas lágrimas.
La mística inaugurada me empujó a la calle, ahora en penumbras, sobre la que algún envejecido farol bostezaba su luminoso cansancio.
En el interior del café, dos hombres fundían sus secretos sobre los yunques de ambas soledades.
Después, Nicanor Paredes, con ademán quijotesco, deslizó el cuchillo sobre el mostrador, para velarlo. En el acero, cuyo brillo había desafiado el paso del tiempo, se demoraban las estrellas del sencillo barrio.
Borges se abrazó al malevo y el pasado se exilió en el ajedrez que dibujaban, bajo la luna llena, las casonas bajas.
Amparados en el silencio, los portones lanzaron al viento una elegía para eternizar el canto borgiano... y en cada esquina un réquiem esculpía cicatrices que evocaban el nombre del último guapo.
Hoy, por las madrugadas, dos siluetas enredan bastón y chalina y van grabando sus pasos en la magia de una manzana palermitana y mítica: Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga.

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