Cirerol Mariette volver  
 

Escritora española nacida en Suiza, escribe en francés y en español.

Delegada de protocolo del Comité Ejecutivo de la “CIELE”, (Convención internacional de Escritores de Lenguas Europeas) y delegada del Sindicato de Escritores Españoles.

Miembro del Comité Organizador y representante del Encuentro Internacional de Poesía de Santiago de Cuba.

Recibió medalla por LA ROSA en Francia y MEDALLA DE ORO DE SAN ISIDRO del Sindicato Nacional de Escritores Españoles.

Obtuvo el Premio Otoño por su novela “Los ángeles de la Guarda en 1997.

Tiene editado dos libros de poemas uno en francés: “Etats d´Ame” y otro en español “Grito y Esperanza”

Ha creado la revista taller literario internacional “AIR” que edita, imprime y distribuye.


HIERBA MARCHITA

La alegría de tu llamada
a medio camino se apagó.
Me la robaste con la mirada
y te fuiste con el viento.

Eres como las monedas,
depende cómo te caes:
por un lado, das la cara;
y por el otro, das la cruz.

No son tuyas esas palabras,
ese sentir a flor de verso.
Esa vida hecha poema triste,
esa vida no es tuya;
es clon de tu sentir,
llamando a la puerta
que no quieres abrir.

Amanso un corazón
y se alza una piedra.
Le soplo aire de mis pulmones
y no se ablanda.
Rueda por la oscura pendiente
arrastrándome,
arrancándome la estrella
que tú, me regalaste.

Y sigo sentada
al borde del abismo,
trenzando mi esperanza
con el fuego helado de tu recuerdo.

¿Tanto te desagrada
lo que no te agrada
que se me hiela la sangre
al mirarme en tus ojos!

¡Qué difícil es
comprenderse!
Queremos independencia,
queremos libertad;
y por un beso al día,
daríamos la vida.

Jugábamos,
y para jugar a no verte,
tengo miedo de no volver a verte.

El tiempo pasa
demasiado pronto;
el abismo se hace demasiado hondo.
Me hundiría en tus brazos si pudiera,
si tu mente no fuera lo que me hunde a mí.

Mi corazón estaba contigo.
Viniste y te lo di.
“No lo quiero, me contestaste,
lo acaricio y lo dejo donde estaba”.
Eso fue todo,
te fuiste…
pero mi corazón te siguió.

Estaba allí:
¡Te esperé tanto tiempo!
Luego me vine
para estar contigo.
La puerta permaneció cerrada
año tras año;
se quebró mi voz
de tanto llamar.
Y ahora,
cuando el invierno se anuncia más frío,
te vas allí,
y me dejas helada.

¿Qué duro es despertar
de un sueño tan hermoso!
¡Qué duro es aceptar
la jornada tenebrosa!

Pido palabras
a una estrella que permanece callada.
Pido calor
a una estrella que se queda helada.
¡No te mueras de frío!
¡No te mueras de pena!
Acepta mi alegría,
mis labios sobre tus labios,
mis manos sobre tu piel.
Deja que tu deseo se llene del mío.
Dale remanso a tu rebeldía
donde mi alma acune tu alma.
Bríndale un nido a la armonía,
donde el sol entre y le sonría;
donde esté caliente, y no se enfríe.

Vela mía tan querida,
no quiero que te apagues.
Ya sé que el viento sopla fuerte
y que la lluvia no para.
Estás mojada, tan mojada, vela mía.
El fuego es tibio y no te calienta.
¡Abrígate con el calor de mi pecho!
¡Por favor, no te mueras,
no sabría caminar sin tu luz!

¿Por qué oscura razón
tengo miedo de perderte,
si nunca te he tenido
realmente.
¿Por qué oscura razón
tengo tanta sed de verte,
si tu ausencia dura
eternamente?

El mundo te dice
¡AMA!,
pero no te amará.
El mundo te dice:
¡COME!,
pero te envenenará.
El mundo te dice:
¡BEBE!
pero el agua te quitará.
Y tú tienes que amar,
tienes que comer,
tienes que beber…
Porque si no lo haces,
el mundo perecerá.
Y el mundo, tú lo sabes,
el mundo, eres tú.

Del calor
sólo se vislumbra
la hierba que no se deja tocar,
no acaricio el lirio caliente
ni me libero de las razones oscuras
que se incrustan hasta el fondo de mi tiempo.

Cómo puedo olvidarte
si mi mano aprieta tu recuerdo
cuando abro la puerta?
¿Cómo puede brillar tanto,
tener tanta luz,
algo que sólo sabe gritar
que no quiere estar?

Por los caminos lo encontrarás
andando sin rumbo,
bebiendo los besos de los labios del viento,
lamiendo el sudor de su dolor;
olvidando la caricia de la hierba que espera.

Cada gesto, esbozo que no llega,
hálito de fuego que no prende,
amor que va a la deriva
uniendo recuerdos,
recordando heridas;
inmenso deseo que no se plasma,
tierra de olvido que no olvida.

Inmerso lo encontrarás
en la lágrima de un verso,
tallando un diamante
con ternura abandonada.

Decir que soy tuya
no sería lo justo,
ni siquiera soy mía,
soy fruto de VIDA.
Pero soy tu amiga,
y soy tu amante
a pesar del “a Dios”.
¿Cómo puedes decir que no tienes nada
cuando me tienes tan abandonada?
¿Cómo puedes decir que tuyo no hay nada,
cuando desesperadamente sabes
que tuyo es lo mío,
y tuyo el calor que me está faltando.

Poetas Clamor: Encuentros de escritores que comparten poemas, narrativa, publicaciones, antologías, presentaciones de libros, certámenes y premios