GORRIÓN
Yo quería cantar,
llenar de notas el silencio.
Con una voz de orfebre
trazar círculos y pájaros,
poner margaritas en la luna,
o una mata de escarcha en el infierno.
Quería cantar,
pero nadie ve la voz,
nadie percibe el aroma de un arpegio.
Cantar como la Pons,
ser Aída o Butterfly,
cortar con el filo de la noche
la loca envoltura de los sueños.
Yo quería cantar,
con el aire de las fusas
llegar en espiral hasta el destello.
Pero nadie ve a una voz
cuando muere de color,
ni hay un solo que resista
la disolución del fuego. CON MI VOZ
Como
la vieja corteza de este mundo,
hecha y deshecha,
almacenando el tiempo. Como un guijarro en el fondo de los ríos,
rodando a tropezones
hasta pulir la forma. Como macuquina de irregulares cantos,
batida a golpes
para labrar los signos. Como muesca,
grito, molde, cauce,
cresta, remolino...
en
cada letra. LOS TRINOS
El
límite es la piel.
Encallecida por los golpes,
por palabras,
y la andanada incontenible,
incontenida,
de injurias
que buscan sepultarnos. El límite es la piel.
Hacia adentro, sordos pájaros
saludan la mañana,
limpian sus alas dibujándoles el vuelo,
y alertan al tigre soñoliento,
que otra vez tendrá que desgarrarse
para permanecer enteros. |