EL
PERRO Y EL VAGABUNDO
Pero,
tú que vas siguiendo
los pasos que voy dejando,
que yo no llevo camino
que me deje en algún lado,
nadie pregunta por mí
y nadie me está esperando. Y tú, que sigues detrás
multiplicando mis pasos,
si hasta me das la impresión
que me estás acompañando
así no estaré tan solo
cuando aparezcan los astros Aunque no es fácil el camino
que ya vamos realizando,
cuando se acerque la noche
me abrigarás con tu manto
y yo te daré el cariño
que los otros te negaron. Comeremos de los montes,
de los arroyos, del campo,
y tendremos como techo
el cielo azul estrellado. Mira si estarás contento
que han pasado muchos años,
y entre penas y alegrías
nunca me has abandonado;
aunque te siento ya viejo
vamos juntos caminando,
que el camino se termina
cuando terminan los pasos. ¡Perro! ...¿Qué tienen tus
ojos?,
parece que están llorando
y tus aullidos me dicen
que me estás abandonando.
¡No llores, Perro, no llores,
que también yo estoy llorando! Fiel amigo y compañero
de buenos y malos ratos.
¿Quién me hará compañía?
¿Quién comerá de mi mano?
¿Quién dormirá junto a mí
bajo la copa de un árbol? Cavaré en esta tierra
una fosa con mis manos.
¡Qué con tu cuerpo se entierra
el corazón de tu amo! Cuando reanude el camino
(si es que sigo caminando)
Te veré cerca de mí
multiplicando mis pasos. UN HOY DE MEDIO SIGLO Tengo una distancia de agua
coronada con antiguas añoranzas,
una tragedia de tiempo,
una eternidad de soles perdidos
y esa vieja soledad
que se hace tibia en los recuerdos. Un murmullo de blancas caracolas
me descubre sobre tierra americana,
y es un grito de sal mi labio amargo
que se pierde en el nombre de mis lares
esfumados de ayer por la memoria
que no puede abarcar mis epopeyas. A pesar de la familia y los momentos
siento el vacío del adiós no pretendido,
y aunque quiero unir a mis pedazos
la ligazón se torna un desvarío,
ya que me duele el mar que no poseo
con su esqueleto de agua siempre viva. Cincuenta años de saberme una extranjera
entre los brazos de todos mis amores.
Cincuenta años de mirar a mis ayeres
y sentir que me fui y estoy volviendo,
que me nacen siete islas por las manos
y que el vértice de Dios besa mi arena.
MUJER DUAL Soy la paradoja
de un cuerpo con dos razas.
Esta dualidad de Achamán
y Dios hebreo,
Esta necesidad de cantarme en castellano
y volar en cielo guanche. Piel cobriza y piedra en mano,
luenga barba y Rocinante,
el crepúsculo del sol en la Orotava
y el castillo feudal de los Cruzados,
el soñar isleño de mis rocas
junto al viento procaz
de un estandarte. Me debato entre las tenues
líneas de mis manos
y presiento el arco iris de la vida
en la piel amasada de coraje,
que se torna rima azul enamorada
como dos mundos
de similar linaje. Y al instante soy Isabel
y soy la Infanta
con la imagen sin igual
de Guacimara,
porque dos orbes
me atraviesan los sentidos
con el eco sideral
que da la sangre. |