ABANDONO En las penumbras de mi soledad
repito tu nombre, el más querido.
Lo devuelve el eco en el hueco del sauce
que pone nostalgia a la orilla del río. Persiste el delirio. Entre piedras,
un croar a comparsa el llamado.
Luminosa, la alfombra que tiende la luna
ondula sensualmente sobre el charco. Se agiganta y acecha como oculto enemigo.
la vaga silueta de algún árbol dormido.
No me importa el quejido de las hojas.
Llevo los sentidos y el corazón herido. Ya no se oye tu nombre. ¡Qué hondo vacío!
¡Tengo en mi boca un sabor tan amargo!
Y aunque pugnen en mí hasta asfixiarme,
¡no es posible el llanto! ¡No es posible el grito! EL JINETE Campo... transita tu soledad.
un horizonte con ecos
de ladridos y cencerros.
A mis pies, la hierba fresca,
donde traduce el sereno
la pasión de las luciérnagas,
con besos húmedos, tiernos,
bajo un árbol somnoliento,
que adormecen los azules
y naranjas de este cielo. A lo lejos, un jinete
que cabalga sobre el viento,
recortado entre las nubes,
de libertad va sediento. Así, hacia la aventura
de descubrirme de nuevo,
van, rotas las ataduras,
como el jinete, mis sueños. |