EL
HUECO DE LA FLOR
En el hueco de las flores
se hallan, todas las miradas
de los ojos artísticos.
Hondos, profundos
cristalinos y puros
como gotas de rocío
que descansan en el óvalo
de la naturaleza
en su total dimensión.
SOBREVIVIR
Es importante sobrevivir
tener la frescura
y la pureza
de una flor espumosa
para elevarse
y llegar a la cumbre.
Es importante sobrevivir
tener el vigor
y la calma
de un río que fluya.
Es importante
construir la boca
de un puente gigante
donde habite la palabra
y la sangre del poeta.
LAGRIMAS DE CRISTAL
La lluvia con su lágrima de cristal
besaba temblorosa las hojas amarillas.
Sobre la mota de tierra, del bello parral.
Se la veía sedienta cubierta de gramillas.
La enramada, abrazaba su carga verdinegra
como una mole gigante de tornasol.
Las uvas se acariciaban con el sol,
y yo las comía como carne magra.
Deambulaba imaginándome en lo profundo
del mar.
Por momentos quería fluir entre los peces del
lugar.
De pronto me di cuenta, tenía el cuerpo erguido.
Contenía los puños abiertos y los
ojos cerrados.
Mi cabellera se entretejía en el verde matorral.
Mientras la lluvia dejaba caer su lágrima de
cristal.
ESPERANZA
Con la magia de la sorpresa,
se produjo la red de la esperanza.
Floreció el mundo nuevo.
Los pétalos blancos, quedaron
en suspenso; para constatar,
la verdadera pulcritud de la pureza.
el ingenio, puso a cuestas, su moño
de misterio, en el entorno de la
mismidad de la nada, entonces,
nació la ”nueva moral”, despavorida,
se dispuso a cabalgar, por los cerrojos
del sol.
EL MAR
El mar, utilizó los frutales del hielo,
y creó sus estatuas blancas,
bajo la tutela del infinito cielo,
al son de las marimbas,
les imprimió sonido y movimiento.
Ante tal desconcierto natural,
el suspiro del volcán, petrificó
las arenas; y la piedra, produjo
el habla del silencio.
CLEPSIDRA
Cuando Clepsidra maneja las cuerdas
del humo, se destraban los cerrojos del
sol. Dinamiza el pensamiento con la
fosforescencia intelectual que aletea
en el cerebro, y alerta a los hombres
con su energía primera. Los cuerpos se
lanzan entre los párpados calcinados
del sol y desde el fondo profundísimo
del Iris del ocaso contemplan apacibles,
los filamentos dorados de las
aguas.
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